Todo proyecto debe responder al contexto social en el cual se va a implementar para dar solución a un problema o resolver una necesidad, esto es lo que nos indica Cerezuela (2017), cuando plantea que el proyecto es la “actividad que se realiza para dar respuesta con un producto o servicio único y concreto a una idea, un problema o una oportunidad identificada.” (Cerezuela, 2017, p. 17).
Si no se realiza el diagnostico puede ser que el proyecto formulado no responda a las necesidades de la comunidad y su entorno. Los cual puede generar más dificultades. Por esta razón como lo indica Alonso (2019), cuando se establece un proyecto además de formular los fines, alcance y objetivos, este “expresa el modelo educativo que ofrece a la sociedad el cual es asumido por la comunidad.” (Alonso, 2019, p. 8), como es asumido por los miembros de la comunidad esta debe tener una participación activa durante todo el proceso del proyecto ya que ellos son los actores que se verán beneficiados si el proyecto tiene éxito.
Otro aspecto es que se debe tener en cuenta las recomendaciones de la comunidad y de los actores interesados en el proyecto para que a partir de sus recomendaciones se puedan realizar los ajustes necesarios durante el proceso de seguimiento y evaluación, en este sentido Alonso (2019) plantea que:
Como proceso el proyecto educativo tiene un “carácter dinámico y nunca acabado (…) las decisiones están sujetas a evaluación, que generan cambios y modificaciones en función de los resultados obtenidos. Busca la partición e interacción de todos los integrantes de la comunidad educativa. Se basa en la reflexión conjunta de todos los participantes.” (Alonso, 2019, p. 9).
Referencias
Alonso, J. (2019). El proyecto educativo en la institución escolar: elaboración y ejecución. (pp. 7-24). De La Salle.
Cerezuela, B., & Ollé, C. (2017). Gestión de proyectos paso a paso (pp. 15-89). UOC.
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